Viajes, viajeros y albergues en la
España de los Austrias (I)


Preámbulo

   Siempre fue España país abierto a los
extranjeros deseosos de visitarnos. La situación geográfica de la Península,
las condiciones históricas de su desarrollo y el tesoro artístico y monumental
que encierra eran tentaciones imposibles de resistir para las sensibilidades
europeas.

   No podemos hablar, sin embargo, del Turismo
en la acepción moderna de la palabra y tampoco estudiar la organización de los
medios económicos conducentes a facilitar los viajes de placer.

   Hay, sí, una interesada participación del
Estado como de los particulares en la acogida del elemento extranjero. En esta
disposición de ánimo debemos fijarnos para comprender cómo se va abriendo en la
mente de los políticos y economistas, la idea de fructíferas posibilidades. El
sistema moderno de facilitar emociones, o vivencias, a cambio de dinero se
comprendía antiguamente de un modo esporádico. Fue la historia con sus
vicisitudes, los cambios políticos internacionales, el comercio y los viajes,
quienes ensancharon el concepto turístico hasta darle la acepción moderna.

   La técnica influyó extraordinariamente al
dar los medios necesarios para los intercambios de personas y elementos. Los
viajes antiguos eran duros para el cuerpo y costosos para el bolsillo. Los
peligros de la tierra, los accidentes naturales y la falta de comunicaciones
coadyuvaban a ello. Viajar en el siglo XVI o en el XVII, tenía la similitud de
nuestros días cuando hablamos de jornadas africanas o amazónicas.

   ¿Qué es el turista? ¿De dónde viene esta
palabra, ya internacionalmente acogida? Su etimología es inglesa y se refiere
concretamente al ser que viaja. Ahora bien, toda persona viajera no podemos
incluirla en este sentido, si no la consideramos haciéndolo por placer. Aquí es
donde empiezan las derivaciones. Los viajes por distracción no se hacen sino
muy raramente en la Antigüedad y en los tiempos Modernos.

   Tratando Sánchez Cantón de los viajes de los
llamados en el Siglo XVIII, «peregrinos laicos», dice lo siguiente: «Tiene el
castellano palabra definidora en el Diccionario. Tres son las causas que mueven
a viajar: necesidad, oficio y gusto. Llámase viajero el sujeto de la
primera acción; viajante el de la segunda, y el de la tercera, viajador,
vocablo que debiera difundirse para destierro de Turista, que es feo
galicismo»-

   La atracción por nuestro país, el contagio
psíquico de personas y cosas, influyendo en otros temperamentos, determinaron
en todos los tiempos la oleada de viajeros que cruzaron los Pirineos o
desembarcando en los puertos, se extendían por la Península. Desarrollábase
entonces lo que según los franceses, es una exportación al interior y
según los italianos, una exportación invisible, pero ambas tan ciertas y
valederas como la más sencilla definición del Turismo.

   El valor social e histórico de estas
andanzas no podía pasar desapercibido y la preocupación fue constante, en todas
las formas de Gobierno que rigieron en nuestro país. Únese a ello, las reformas
y los motivos en que se hacían estos viajes, cuyos efectos redundaban en la
vida española haciéndolas imprescindibles para la propia conciencia nacional.
Los motivos de venir a nuestro país eran tan varios como interesantes. Los
impulsos religiosos se unían a los mercantiles, la caridad al vagabundeo y la
ciencia a la guerra. Durante la Edad Media, millares de extranjeros se unieron
a la guerra de Cruzada contra la religión mahometana. Borgoñones, francos,
ingleses, se traen a los Reyes de Castilla, de Navarra o de Aragón, para luchar
contra el Islam y ganar los privilegios de la Guerra Santa.

   Terminada la Reconquista, ya no existe el
pretexto religioso ni el deseo de botín pero la gloria del Imperio y del Estado
captó a muchos caracteres militares o civiles, formando en las filas de las
Instituciones gentes de todas nacionalidades que se mezclaron con mujeres
españolas y legaron a la posteridad caracteres raciales y apellidos exóticos.
No solamente los Bethencourt, canarios, cuyo apellido normando es hoy
patrimonio de centenares de habitantes de aquellas islas; son también los
O’Donnell, Lacy, Blake, Reding, Kindelan, Van Halen y tantos otros que llenan
las páginas de Escalafones, Anuarios y Estadísticas, y dicen claro cuál era el
recibimiento que se otorgaba a los emigrantes. Los Reyes de España protegían
sus palacios con Guardias waiones, suizos, tudescos y flamencos.

   Podemos hacer una clasificación de los
motivos de reclamo e incitación a España.

   RELIGIOSOS.—Durante la Edad Media, las
peregrinaciones a Santiago de Compostela, continuadas en los tiempos modernos
aunque con menos intensidad y frecuencia, ligan a España con la catolicidad
mundial creando una de las notas más características para la atracción
exterior, por motivos de penitencia, caridad o devoción. La importancia de esta
ruta merece que le demos atención especial más adelante.

   COMERCIALES.—Por la ruta de Compostela entra
el comercio y las sucesivas intervenciones de Castilla y Aragón, primero cotaao
reinos independientes, luego en plena unificación, abren al comercio mundial
nuevos ^mercados y rutas económicas. El descubrimiento de América, la expulsión
de los judíos y los ahogos financieros e industriales, convirtieron a nuestro
país en fruta propicia para los comerciantes y banqueros europeos,
constituyendo en momentos como en el siglo XVII, un auténtico problema
nacional.

   POLITICOS.—En este apartado podemos incluir
las misiones diplomáticas, las embajadas y los enviados especiales que unían a
España con todos ios pueblos de la tierra. Desde las normales relaciones con
los Estados vecinos hasta los príncipes llegados del Japón, pisan nuestro suelo
estrechando amistades y abriendo planes políticos.

   CIENTIFICOS.—La fama de las Bibliotecas
medievales, de los afamados médicos musulmanes del Califato cordobés o el
interés intelectual despertado por la famosa Escuela de Traductores de Toledo
traen a España sabios y eruditos. En el Siglo de Oro de nuestras letras, las
Universidades, como la de Alcalá de Henares, o Salamanca, concentraban en sus
aulas estudiantes católicos deseosos de «saber y consejo» en Teología, Derecho,
Geografía, etc.

   ARTISTICOS.—El cultivo de los estilos
arquitectónicos europeos y la contrata de especialistas del continente,
esmaltan nuestros tesoros artísticos de apellidos germanos, italianos,
franceses o flamencos.

   Pintores al servicio de la Corona, orfebres,
escultores, visitan España y al calor del pasado y del potente genio del solar,
Fancelli, los Siloé, Colonia, Leoni, Theotocopuli, Mengs, etc. toman carta de
naturaleza o dejan huella de su fecundidad.

   SOCIALES.—Quizás sea este apartado el más
pintoresco y difícil de catalogar. Desde aquellos que por motivos de salud
corporal y espiritual se les recomienda el peregrinaje a las tierras
¡meridionales, hasta gentes que por impulsos tenebrosos caen en la Piel de
toro- Sirva de ejemplo, las Academias de hechicerías y magia que estudiaban en
Toledo las «artes de los diablos», resto de lo que fue antaño la Escuela de
Traductores. El deseo de hacer fortuna como mendigos, buhoneros vagabundos,
picaros, mezclaba en los caminos a pobres y desheredados de la fortuna con
aristócratas que venían a visitar a los Reyes «como cumple a un noble varón»
según la expresión del Barón de Rosmithal al ser recibido en audiencia por Juan
II de Aragón.

   LITERARIOS—- Podríamos haber incluido este
resorte espiritual con los artísticos pero dada la índole extraordinaria
alcanzada por nuestras letras en el Siglo de Oro, constituye por sí toda una
bibliografía. Humanistas del Renacimiento, escritores deseosos de hallar nuevos
estímulos, comediantes, etc.

   LOS VIAJEROS.—Por último, aquellos que
llegaban a nuestra patria por placer y que entran en la calidad de los viajeros
en el más puro sentido de la palabra. Dos eruditos extranjeros, Farinelli y
Foulché-Delbosc han dedicado parte de sus investigaciones a redactar el
fabuloso catálogo de las obras escritas por cuantos visitaron nuestro país
desde la Edad Media hasta el Siglo XIX. La cifra de obras y personalidades es
gigantesca y nos da una idea clara de lo que codiciado fue nuestro suelo para
satisfacer curiosidades, para dar recreo y cumplir misiones de todas clases.

   Los viajes podían hacerse solos o con
séquito, a pie o montados, oficiales o particulares, entrando en la categoría
de diplomáticos o comerciales. Los privados son los que realmente nos interesan.
Antes de hacer un estudio más completo de los medios, formas de viajar y
organismos de asistencia al caminante, conviene nos representemos cada una de
las etapas históricas.

 

                                               José
María Sánchez Diana.
Chronica Nova 7, 1972, 35-93

KW77 INFORMA:
-SI QUIERES PERMANECER INFORMADO PUEDES UNIRTE A NUESTRO CANAL DE TELEGRAM DESDE EL SIGUIENTE ENLACE:
Canal Telegram de Noticias KW77
https://t.me/kw77comunicacion

TAMBIEN PUEDES DESGARGAR NUESTRA APP DESDE LA PLAY STORE DE GOOGLE BUSCANDO KW77 RADIO.

CONTENIDO RECOMENDADO:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.