LA PRENSA PARA MENTES INQUIETAS

El interesado dilema de las golas del Mar Menor

«Lo que se puede observar es la contaminación urbana en la cubeta sur. Hasta la forma de esas manchas sugiere que entran en el Mar Menor, no que salen del mismo ¿Por qué no nos ofrecen los análisis de la supuesta capa anóxica que sale por la gola?»

 Fotos aéreas donde se puede apreciar la entrada al Mar Menor de la supuesta capa anóxica por la gola de Marchamalo


 KW 77    Manuel Calero*    31-08-2021

La sociedad murciana, en general, y los ciudadanos de la
comarca del Campo de Cartagena y Mar Menor, en particular, están gritando “¡Basta!”

Nuestra
preciosa laguna sale, año tras año, en los boletines de noticias de medio mundo,
y no como el lugar turístico y paradisíaco que sus habitantes desean, ése que
sus representantes políticos llevan décadas vendiendo en las campañas
turísticas. Pues no, ahora aparece en las pantallas o en los periódicos como un
lugar de exterminio, siendo la agricultura la responsable de haber destrozado el
que fuera un paraíso.

Sin
embargo, ¿cómo es posible que, tras cuarenta años hablando acerca de los
problemas del Mar Menor, los murcianos presentemos tantas contradicciones a la
hora de conocer los orígenes o las posibles soluciones al desastre?

Entrar
en el esclarecimiento de las posibles causas reales de dicho desastre nos lleva
a un debate tristemente ideologizado, con posturas encontradas, con muchas
preguntas y pocas respuestas, con interesadas mentiras o medias verdades. Tales
son las consecuencias de unos partidos políticos más preocupados por sus
réditos electorales que por la definitiva resolución del creciente problema del
enfermo Mar Menor. Éstas son las consecuencias de unos medios de comunicación serviles
y dependientes a la publicidad institucional.

Quizás,
con un ejemplo, el lector entenderá cómo hemos llegado a este punto de
desinformación, tanto en relación con el problema como a lo referente a las
posibles soluciones.

Veamos
qué ocurre con las golas del Mar Menor y su “verdadera relevancia” como
solución al problema actual de la laguna.

El
Mar Menor, tal y como lo conocemos en nuestros días, se formó hace unos dos
millones de años, por deposición de arenas provenientes del río Segura sobre
rocas volcánicas. Dichas arenas formaron una gran barra arenosa, de 22
kilómetros de longitud, con una zona de intercambio de aguas en su parte norte,
al sur de las actuales salinas de San Pedro del Pinatar. Allí, un canal de agua
posibilitaba la entrada de embarcaciones en época romana, dando abrigo durante
los temporales. Durante la Edad Media, los árabes diseñaron un arte de pesca
conocido como encañizadas, para obtener mújol y otros pescados. Aprovechaban la
altura de dicho canal, al que se denominó gola, para poder hundir cañas en la
arena, formando un laberinto donde los peces se mantenían vivos en la paranza
final, hasta ser recogidos por los pescadores. Por entonces, La Manga (aún no
se llamaba así) estaba cubierta por un extenso pinar, utilizado por muchos
piratas berberiscos para asaltar las pequeñas poblaciones existentes en las
cercanías. El nombre de la isla del Ciervo da idea de cómo era entonces nuestra
laguna y su entorno. La pinada de La Manga fue eliminada a finales del siglo
XVI, precisamente para acabar con los piratas. Durante todo este período, la
laguna semicerrada, mantuvo intactas sus características y su hábitat único.

De
ese paso ancestral de agua, que no llegaba a los dos metros de profundidad, nos
llegaron a principios del siglo XX cuatro golas: tres naturales, al norte, y
otra artificial, al sur. Situadas en lo que hoy conocemos como la zona de las
Encañizadas, encontramos la gola de la Torre y la del Ventorrillo, ambas
utilizadas para la pesca tradicional; con semejante finalidad se utilizaba la
gola natural del Estacio, a partir del faro del mismo nombre, construido en
1862; a mediados del siglo XVIII fue concedida, por el Real Hospital de Caridad
de Cartagena, la construcción de la gola artificial de Marchamalo, para
explotación pesquera mediante encañizadas.

Así,
hasta mediados del siglo XX el intercambio de agua entre la laguna y el
Mediterráneo se limitaba a varias golas someras, de profundidad variable, utilizadas
con fines pesqueros. Este escaso intercambio de agua ofrecía al Mar Menor una
salinidad y temperatura muy superiores al Mediterráneo, lo que mantenía un
hábitat único, con especies diferentes a las del Mar Mayor. Un paraíso natural,
sin edificios en La Manga, sin presión turística en verano, sin contaminación
agrícola, sin arenas en playas llenas de balnearios (características e icónicas
pasarelas de madera desde las que los lugareños accedían al baño en el Mar
Menor).

Tras
esta exposición, se intuye que tener una laguna semicerrada no supone un
problema. Todo lo contrario: contamos con un bellísimo paraje diferencial
respecto al resto de lagunas costeras de Europa. Y, efectivamente, son los
cambios humanos los que han llevado al Mar Menor casi al colapso.

El
primer gran impacto recibido por nuestra laguna se produjo en 1973, cuando se
dragó la gola del Estacio para permitir el paso de barcos de gran calado al
nuevo puerto de Tomás Maestre, propietario de todos los terrenos de La Manga.
Así, con una profundidad superior a los cuatro metros, el intercambio de agua aumentó
considerablemente, al tiempo que disminuyó la salinidad y la temperatura,
desapareciendo especies del Mar Menor y siendo colonizando por otras que venían
del Mediterráneo.

Sin
entrar a valorar cuáles han sido las causas de los cambios y agresiones
posteriores a nuestra laguna, los que nos han llevado a la situación actual
(daría para muchos más artículos), nos centraremos en el funcionamiento actual
de las golas y en su utilidad real como posible solución a la eutrofización
existente.

Recordando
que el primer gran cambio se produjo al dragar el Estacio, hemos de entender que
ahondar más de dos metros supondría, en cualquiera de las otras golas, de forma
casi instantánea, la disminución de la salinidad y temperatura del Mar Menor. Su
salinidad actual está entre 42 y 47 gramos de sal por litro, lo que le acerca
ya a los 38 del Mediterráneo, mientras que la salinidad, antes de la ampliación
del Estacio, rondaba los 70 gramos por litro. De tal manera que, si se
profundizaran las golas, nuestro Mar Menor desaparecería como tal y sería una
extensión del Mediterráneo. Desaparecerían especies animales y la transparencia
del agua… Creo que nadie quiere que esto ocurra.

Uno
de los mantras más repetido en estos días es que el Mar Menor está estancado. El
Instituto Español de Oceanografía ha calculado que la renovación total
del agua del Mar Menor se produce entre 1,5 y 2 años, un período mucho más
corto que cuando sólo teníamos pequeñas golas con encañizadas. Esto significa
que no existe problema en la renovación del agua, sino en la contaminación que
entra en ella. Y, visto lo anterior, una entrada masiva del Mediterráneo acabaría
con nuestra laguna.

En los medios de
comunicación, en redes sociales, se leen expresiones como que la apertura de
las golas “limpiará el Mar Menor, diluirá la contaminación, oxigenará la laguna”…
¿Qué hay de cierto en todo ello?

Para comprenderlo
debemos entender cómo funciona el intercambio de agua en las golas. Por ellas
entra agua del Mediterráneo y sale agua del Mar Menor. Al tener diferente
salinidad, esta agua más salada no se mezcla, saliendo agua en profundidad, y entrando
agua en superficie procedente del Mediterráneo. Imaginen un vaso con agua y
aceite: éste último, al ser menos denso, siempre se queda en la parte superior.
Pues en una gola ocurre igual.

Cuando hemos tenido
riadas en la comarca, enormes cantidades de agua dulce han entrado en la laguna
(proceso que ha ocurrido desde siglos, estando asociado a nuestro clima, con o
sin cambio climático) subiendo el nivel del Mar Menor. Por tanto, las golas han
servido para expulsar al Mediterráneo, en superficie, la mayor parte de dicho
excedente, ya que el agua dulce es menos densa. Los estudios efectuados en las
últimas DANAS han demostrado la eficiencia de las mismas para extraer el agua de
las riadas. Esto es, cuando hay una entrada abundante de agua dulce, el Mar
Menor se autorregula en unos cuantos días.

Siendo así, debemos
preguntarnos: ¿serviría la apertura de las golas para diluir la contaminación
de la laguna? No, pues la capa anóxica se sitúa en el fondo, por lo tanto, no
saldrá de forma natural por las golas, aunque se dragaran más de dos metros (lo
que ya hemos visto que sería el fin de nuestro especial ecosistema).

La manipulación
máxima de este problema real la hemos visto esta semana, donde las autoridades,
tomando imágenes de la gola de Marchamalo, nos dicen que se ve la capa anóxica
saliendo del Mar Menor. Salvo que un informe nos confirme lo contrario, lo que se
puede observar es la contaminación urbana en la cubeta sur. Hasta la forma de
esas manchas sugiere que entran en el Mar Menor, no que salen del mismo ¿Por
qué no nos ofrecen los análisis de la supuesta capa anóxica que sale por la
gola? Considero que analizar una capa anóxica a vista de helicóptero parece
poco científico. ¿Se ha realizado un estudio para demostrar que las
urbanizaciones que rodean la gola de Marchamalo depuran 100% sus aguas fecales?
Hasta hace no mucho existían emisarios submarinos, directos al Mar Menor…
¿Siguen existiendo? ¿El interés de abrir la gola de Marchamalo no estará más
relacionado con diluir los desechos veraniegos que se acumulan en la zona sur de la laguna?

Como podrá constatar
el lector, siguen apareciendo más preguntas que respuestas.

Desde mi punto de
vista, por lo tanto, las golas de la zona norte y la de Marchamalo jamás deberían
dragarse por encima del metro y medio o dos metros de profundidad.

* Manuel Calero es ecólogo.

 Enlace con el vídeo que graba la entrada al Mar Menor por la gola de Marchamalo, de la supuesta mancha anóxica:     

https://t.co/ahDu3VdQzj

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