3 LUMBRERAS, 3

Trabajos de rescate en la Zona Cero de Nueva York. Septiembre de 2001

Juan Manzanares      KW 77            18-06-2022

No ha tenido que ser fácil, no. La vetusta Universidad de Oviedo, en cuyas aulas se empezó a impartir sapiencia allá por 1608, y en la que se formaron personajes tan ilustres como don Gaspar Melchor de Jovellanos, que fue salvada de ser trasladada a Santander por la intervención directa de la ovetense doña Carmen Polo de Franco, esposa del malhadado dictador, ha salido en los papeles por el trabajo de tres mujeres, -Sandra, Rosario y Rocío-, tres sacrificadas investigadoras de esa prestigiosa universidad, las que han puesto negro sobre blanco las verdades inescrutables, eso sí, hasta ahora, de la magia del birlibirloque.

Se trata, nada más y nada menos que de la publicación de un estudio sobre desastres naturales en el que, entre otras sesudas conclusiones, la más demoledora ha sido que en las operaciones de salvamento efectuadas por los terremotos ocurridos el 11 de mayo de 2011 en la ciudad murciana de Lorca, se reprodujeron estereotipos de género”.

Se veía venir

Se lo comenté a mi esposa: no me gusta como caza la perra, le dije. Estoy viendo cosas que tarde o temprano verán la luz. No se puede tener engañada a la gente todo el tiempo. No me gusta lo que estoy viendo; bomberos de estaturas de uno ochenta para arriba; soldados de la UME de uno noventa en adelante, todos ellos más propios de una película de Lou Ferrigno o de Arnold Schwarzenegger, que para la entrada en edificios con código negro (previsión de derrumbe inminente) a salvar gente atrapada en los mismos, efectuar su traslado inmediato a zonas seguras, apuntalar techos y vigas colapsadas, penetrar en lugares inaccesibles rompiendo puertas a hachazos y un largo etcétera de acciones de asalto a un edificio para asegurarlo, al menos hasta que su derribo pudiera ser controlado. Estos equipos estaban compuestos mayoritariamente por personas de sexo masculino.

En cambio, en las zonas seguras y alejadas de construcciones elevadas (calles anchas, plazas y avenidas), equipos de agentes de policía, médicos, enfermeros, y psicólogos, mayoritariamente de sexo femenino, se desvivían por atender a las personas que habían llevado el susto de su vida, y en demasiados casos, para su desgracia, el peor de su vida.

Un nuevo enfoque “científico”

Hasta el trabajo publicado por estas tres eminencias (Sandra, Rosario y Rocío), la base de la ciencia era la lógica aristotélica, a través de la cual se partía de observaciones particulares y se llegaba hasta los principios generales. Por ejemplo, si soltamos un objeto de la mano y cae al suelo, y repetimos esa acción cientos o miles de veces con el mismo resultado, debemos concluir que existe una fuerza magnética que atrae al objeto hacia el centro de la tierra, por lo que podemos deducir un principio explicativo general, y a partir de ahí, partiendo de esos principios explicativos se deducen enunciados sobre fenómenos o propiedades. Es a través del método inductivo-deductivo por el que Aristóteles fundamenta la lógica y la filosofía de la ciencia.

Un antes y un después

Desde Aristóteles, el razonamiento es un encadenamiento de juicios por el que, partiendo de una proposición válida conocida, nos permite descubrir otra u otras desconocidas. Por tanto, la explicación científica es una transmisión desde el conocimiento de un hecho cierto hasta el conocimiento de las razones que lo provocan. ¡Ahora ya no!

Así, según las aportaciones contenidas en ese trabajo: las catástrofes de origen natural generan un impacto sobre las sociedades que las sufren y sus poblaciones que va más allá del mero daño físico o material y afecta al orden social y a las relaciones humanas. Es frecuente, sin embargo, que los estudios sobre desastres consideren que terremotos, inundaciones o pandemias afectan por igual a la población, sin tener en cuenta la perspectiva de género.”

Además, con extraordinaria agudeza, -Sandra, Rosario y Rocío-, también han observado que en esas situaciones se “revela un doble rasero a la hora de evaluar el papel de hombres y mujeres en el desastre. En resumen, los hombres desempeñan un rol activo en el rescate, mientras que, socialmente, las mujeres son vistas, sobre todo, como beneficiarias de la ayuda masculina.”

De ello podemos deducir, sin miedo a equivocaros, que lo importante para las tres investigadoras no es el mayor grado de eficacia que los equipos de salvamento consigan en su cometido protegiendo el mayor número de vidas, no, no, eso es secundario. Lo fundamental, y en lo que han puesto el ojo estas tres lumbreras, es la necesidad de ampliar los límites conceptuales que definen las actuaciones vinculadas al rescate de personas y los tiempos y los espacios en los que se realizan para generar así un cambio de percepción social en torno al papel de las mujeres en la catástrofe, más acorde con lo que acontece en la práctica sobre el terreno.

Por tanto, a partir de estas extraordianrias aportaciones de Sandra, Rosario y Rocío a la “ciencia”, gracias también al providencial apoyo de la Universidad de Oviedo, y a los más de sesenta mil euros de dinero público que han percibido las tres autoras, -sin duda cantidad misérrima dada la enorme aportación al mundo científico actual que su esfuerzo ha producido-, el apotegma anglosajón The right man in the right place (el hombre adecuado en el lugar correcto) ha sido triturado y ya no sirve, porque el núcleo objeto de observación y estudio ya no es el análisis técnico estratégico para la gestión de la actividad de salvamento y rescate, no, ¿a dónde iríamos a parar con esas antiguallas? Ahora, el núcleo de análisis es la perspectiva del tercero que observa; tercero ajeno al binomio rescatador-rescatado que, a su vez, depende de si es de sexo masculino o femenino y cuya perspectiva importa un bledo para el feliz o el fatal desenlace de la misión de salvamento, pero que existe, al fin y al cabo, y hay que tenerlo en cuenta, cosa que hasta ahora no se hacía.

Las malas lenguas, sin duda movidas por la envidia, han advertido que la propuesta de las autoras de ese hercúleo trabajo de la necesidad de ampliar los límites conceptuales que definen las actuaciones humanas, están más en relación con la didáctica de la literatura, que con la gestión de actividades de salvamento.

Y en filosofía ya se encuentran directamente relacionados con el materialismo dialectico, base filosófica del comunismo, que percibe el mundo en virtud de su naturaleza material y utiliza la dialéctica para interpretarlo, sin tener en cuenta que hombres y mujeres somos fisiológicamente distintos, algo que los pueblos de la antigüedad descubrieron hace miles de años; que el ser hombre o mujer responde a unas raíces biológicas y psicológicas con las que nacemos y estamos genéticamente dotados, y por eso, por ejemplo, los pueblos  asiáticos distinguían entre el Yin y el Yan; el yin lo más frágil asociado a lo femenino y el yan lo más fuerte asociado a lo masculino. Eso, trasladado a la vida real y al caso objeto de estudio, supone que cuando un agente, ante una situación de emergencia y rescate selecciona a las víctimas más necesitadas de ayuda, lo hace por las personas más indefensas, y que entre esas personas haya una mayoría de mujeres, es una mera contingencia más que a muy poca gente le molesta, salvo a los que niegan la evidencia de esa diferencia biológica y psicológica entre hombre y mujer, que no es precisamente acorde con la cencia.

Las consecuencias de esa interpretación material y dialéctica de la realidad son de enorme calado, y el tributo pagado por el ser humano supera, hasta hoy, los ciento cincuenta millones de muertos provocados por el comunismo en el mundo. La causa fue y es la ampliación de los límites conceptuales que Marx y Hengels hicieron de los conceptos de libertad, proletariado, burguesía, capitalismo, democracia y dictadura, y que Lenin, Stalin y otros llevaron a la práctica, con las obvias consecuencias que el mundo conoce.

Pero ya digo, que son las malas lenguas.

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